ORIGEN DE LOS MINISTROS DE LA SAGRADA COMUNIÓN

Fecha 23/10/2007 7:20:00 | Tema: Ministros


Uno de los aspectos más relevantes de la Reforma Litúrgica del Vaticano II ha sido que los laicos participaran ahora en los varios ministerios, proclamando las lecturas, animando la oración o el canto, incluso distribuyendo la Eucaristía.



Este último misterio que mencionamos es el que tal vez ha llamado la atención en los últimos años.


Del ministro extraordinario de la comunión han visto la luz diversos estudios desde el aspecto teológico y litúrgico, como también desde el aspecto pastoral, esto nos da una prueba de la importancia que tiene este ministerio para los pastores de las almas como para los laicos mismos, y el enorme servicio que se presta a la comunidad parroquial con él.




PRIMEROS TESTIMONIOS

El que los laicos distribuyan la comunión a los demás miembros de la comunidad no es una novedad absoluta. En el siglo II se constata ya la costumbre de llevarse los cristianos la Eucaristía a su casa después de la celebración para que los enfermos y ausentes pudieran participar de la celebración.


El testimonio más antiguo es el de Justino (165), menciona en su los laicos participaranApología (historia moral) el orden de la celebración Eucarística dominical y termina diciendo que se distribuía el pan y vino consagrados a los presentes, y los diáconos los llevaban a los “ausentes”. No se excluía que los laicos la llevasen también, siendo así que hasta el siglo V, fieles de ambos sexos podían llevarse consigo el Cuerpo del Señor y comulgar por sí mismos en casa, sobre todo en los días que no se celebra misa.


Tertuliano cuenta que esta práctica era ya habitual, cuando habla de los peligros de la esposa cristiana de casarse con un pagano y de la dificultad de guardar en casa las sagradas especies con la posibilidad de grandes profanaciones. En Roma, Novaciano condena la conducta de quienes al salir de la asamblea se van al teatro llevando consigo la Eucaristía, e Hipólito parece aludir a esta costumbre cuando recomienda poner el pan consagrado fuera del alcance los profanadores, de los ratones y los demás animales. Esa costumbre se había mantenido en los siglos IV y V: el diácono Paulino, en el relato que nos ha dejado de la muerte de San Ambrosio, dice que el obispo Honorato, que habitaba en la misma casa, acudió con el santísimo Sacramento. Y podríamos citar muchos otros ejemplos de un uso que en ciertos lugares parece que dejó huellas hasta el siglo VII.


En tiempos de San Juan Crisóstomo (407) era todavía normal el uso de la reserva eucarística en casas particulares.


Alude expresamente a ello en una homilía, cuando dice: “No solamente vosotros los veis (el cuerpo de Cristo) sino que lo tocáis, lo coméis y lo lleváis a vuestras casas”. Incluso, desaparecida la costumbre, se encuentran casos en los que un laico, también mujer, se le encargaba llevar el viático a un moribundo.


En el Oriente, según el Testamentum Domini la comunión pascual a las mujeres enfermas era llevado por las diaconisas, con el paso del tiempo se fue concretando que solamente fuera el sacerdote o diácono quienes llevaran la Eucaristía a los enfermos y moribundos, hasta nuestros días.


De los testimonios hasta ahora expuestos, se puede llegar a las siguientes:




CONCLUSIONES

• Para la vida de los cristianos de los primeros siglos, la Eucaristía tiene una gran importancia, de tal modo que se hace todo lo posible para que todos puedan recibirla.

• Consecuentemente con lo anterior, la Iglesia primitiva se preocupa para que los que están impedidos de participar con toda la comunidad de la Eucaristía (ya sea por enfermedad, ya sea por estar en estado de agonía) no se vean privados de tan grande gracia, y para ello, encomienda, en primer lugar a los diáconos, el servicio de llevar la comunión a los ausentes, aunque también se encomienda este servicio a los laicos de ambos sexos.

• Después del siglo V, este ministerio se va clericalizando hasta quedar reservado sólo a los sacerdotes y diáconos.


Fue el 30 de abril de 1969, que el Santo Padre Pablo VI quien ha creído conveniente corresponder a los deseos de los fieles derogando con prudencia el derecho hasta ahora vigente, de modo que además de los ministros de los que hablan en el Canon 845, y en atención a los apremios del momento presente, sean constituidos otros ministros extraordinarios que puedan administrar, a sí mismos y a los demás, la Sagrada Comunión, para lo cual se promulgó la Institución de la Sagrada Congregación de los Sacramentos “Fidei Custos”, sobre los ministros extraordinarios de la comunión.


En 1972, Pablo VI mediante Ministeria Quaedam establece que los “acólitos instituidos”, que pueden ser laicos, fueran ministros extraordinarios, pero permanentes.


En 1973 la Congregación para los Sacramentos publicó la instucción Immensae Caritatis con diversas instrucciones sobre la distribución de la Eucaristía por laicos; cobre el ayuno, la comunión en la mano, etc.




Por: Pbro. Jorge Raúl Villegas Chávez
Tomado de Liturgia Viva # 3
Fuente:
Enchiridion. Documentación Litúrgica Posconciliar
MARTIMORT. A.G., La Iglesia en Oración
ESTRADA HUGO s.d.b., Nuestra Misa
Tufano Victoria M., LTP. Ministros Extraordinarios




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